Fisioterapeuta · Readaptador · Strength Coach
Todo es fuerza — como dice Julio Tous. Pero en el campo no basta con generar fuerza: hay que saber acelerar, y sobre todo, saber frenar. Nadie nos enseña a hacerlo. Ahí es donde aparecen la mayoría de las lesiones que veo: el deportista llega cansado a nivel muscular y neural, hace esa frenada que lleva haciendo toda la vida, con las rodillas dibujando una X como si fueran a chocar, pero ya sin capacidad de generar fuerza de frenada. Esa fuerza que el músculo no puede asumir la acaba gestionando la articulación, el ligamento. Y ahí se rompe.
Es lo que me apasiona del modelo americano de entrenamiento: se fijan en si cada articulación tiene los grados de movilidad que le tocan. Si una no llega, el movimiento lo asume la de al lado — que normalmente está diseñada para ser estable, no para moverse. Y ahí se rompe también.
El deporte casi nunca pasa con las dos piernas a la vez, y mucho menos sentado. Y sin embargo, la mayoría de entrenamientos que veo en redes y en equipos son máquinas sentadas o ejercicios con los dos pies anclados al suelo — como si el deportista fuera halterófilo o culturista, cuando está diseñado para moverse a una pierna y en 360º. Por eso trabajo mucho desplazamiento lateral y diagonal: la mayoría de gestos del deporte son hacia un lado — anticipar al rival, superarlo, cambiar de dirección. Y el trabajo unilateral tiene otra ventaja que casi nadie menciona: con menos peso consigues el mismo estímulo que a dos piernas, así que la articulación sufre menos.
El objetivo de entrenar es mejorar capacidades físicas: ser más fuerte, más rápido, más eficiente en el movimiento. Pero eso solo ocurre si el descanso está tan bien programado como la carga — y por descanso no hablo solo de los days off (días sin ejercicio), sino también de los recovery days. Una carga de fuerza sin trabajo de movilidad, estiramiento y flexibilidad es ver solo la mitad de la película. El trabajo y el descanso pesan lo mismo en la programación: si falla uno de los dos, deja de ser eficiente.
Es la pregunta que hago cada día a mis deportistas. Parece simple — son cinco palabras — pero es muy compleja: te obliga a autoanalizarte. Si has dormido bien. Si tienes el mood para una sesión dura o no. Si te sientes liberado o cargado a nivel muscular. Si lo que te pide el cuerpo hoy es fuerza pura, técnica de carrera o salto, o recovery. Si te la tomas en serio, esa pregunta ayuda tanto como cualquier programación — porque ninguna programación sobrevive a un cuerpo que no estaba listo para lo que tocaba ese día.
No hace falta que estemos de acuerdo en todo — pero si esto resuena contigo, hablemos. Ya sea para empezar a entrenar conmigo, o para hablar de cómo encajaría este criterio en tu equipo.